"Saname el corazón señor, y ayúdame a amar cada
día más como lo haces tu. "
(( Una oración con una reflexión increíble... Es muy cierta, y por eso la comparto :).. Pidámosle a Dios que nos dé lo que Él sabe que necesitamos, y también que nos ayude a ser mejores personas cada día que pasa.))
Señor Jesús,
Hemos caminado juntos tu y yo, un día de parto, un día de nueva vida.
¿Sabías algo? Yo te sentí cerca cuando fui capaz de mirarme a los ojos y empezar a decirme mis verdades. Te sentí cuando fui capaz de quitarme el antifaz que me suelo poner y descubrí el mal que habita en mí. Y también te sentí cuando palpé en mi corazón tu presencia pequeña y laboriosa en el fondo de Lo mejor de mí!
Pero además fui aprendiendo a reconocerte en los rostros de los demás. Sí, en la agitación de la vida cotidiana no había tenido tiempo para mirarlos más adentro, aún más, al corazón. En mi ceguera, en mi incapacidad para mirarme y conocerme, jamás había mirado a los otros, dejándolos ser ellos mismos. Vivimos unos junto a otros, nos vemos todos los días, hablamos de una y tantas cosas; pero muy pocas veces nos hemos detenido para amarnos, para mirarnos y escucharnos, dejándonos existir. Y es que Señor, tu sabes lo torpes que somos para amar..
Queriendo amar nos llenamos de resentimientos; queriendo amar nos tornamos egoístas para llamar la atención; queriendo amar atamos a las otras personas a nuestros gustos, a nuestra manera de ver la vida, a nuestras opiniones; Queriendo amar nos decimos verdades a medias, nos escondemos detrás de apariencias, temerosos de mostrar lo que somos; Queriendo amar creamos esclavizantes cadenas de rencores, celos, antipatías, reproches y dependencias que lejos de unirnos, nos separan cada vez más y más..... Somos así, Señor.
Somos seres necesitados de amor, sedientos de amor y, sin embargo el amor se nos rompe entre nuestras torpes manos, y así, echamos a perder una amistad, un noviazgo, una familia, por una palabra, por un orgullo herido, por una ironía, por un desprecio, por un miedo, por un silencio, por una pasión sin sentido.
Sentimos que apenas ahora nos hemos empezado a reconocer realmente, que sólo ahora hemos sido capaces de mirar lo que hay en las honduras del corazón de los demás y que sólo ahora puede empezar a surgir el auténtico amor, ése que entrega la vida por los otros. Buscamos el amor como lo único necesario, pero nuestro cuerpo, nuestra afectividad, nuestra mente, hace ya mucho tiempo que olvidaron amar.
Y sin embargo, nada hay más cierto que el amor. Es más, ¡el amor es lo único real! El amor a la vida nos sostiene en los momentos difíciles y ese mismo amor gime en lo interior pidiendo un estilo de vida más radical y auténtico... Y cuando guardamos rencor, cuando llenos de egoísmo nos encerramos en nosotros mismos, y cuando no escuchamos el lamento del otro..., eso es un pobre amor que ha olvidado cómo amar.
Y cuando creemos que la felicidad la da el tener muchas cosas o dinero, y cuando nos volcamos sobre la última moda, sobre la diversión o sobre la apariencia física, no hacemos otra cosa que amar equivocadamente aquello que nos hace mezquinos y lejanos a la vida verdadera.
Pero sí, hemos olvidado cómo amar, o cuáles son las cosas que en verdad hay que amar, que son reales.... Por eso Hoy cuando al lado tuyo hemos querido empezar a nacer de nuevo, yo quiero decirte:
Anda Jesús, no nos pidas permiso, entra en nosotros y derrumba nuestras defensas, destruye nuestras fronteras y haznos salir a buscar el buen amor, y verdadero amor, contigo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario